Solo me quedan recuerdos de ese sueño momentáneo, viejos tiempos de adicción. A planteos poco cuerdos, al placer del desengaño, a la dulce confusión. Sólo me queda el consuelo de saberme muy tranquilo: yo ya sé que la peleé. Me pensaba que era el ciego, me pensaba que era el pueblo, que era el tuerto y que era el rey de este amor que nunca vió la luz.
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