El tiempo no para...
jueves, 30 de septiembre de 2010
Las suaves olas borraban sus huellas de la arena. Ella, ajena a todo, dejaba que la brisa marina meciera su pareo y sus cabellos al son de una alegre cancion veraniega. En vez de andar, parecía que bailaba dando pasos ligero a través de la orilla. El sol se reflejaba en sus ojos azules, que de vez en cuando se ocultaban, durante el instante que dura un parpadeo parpadeo tras unas espesas pestañas oscuras.Algún que otro bañista curioso dejaba resbalar su mirada sobre ella, pero nadie parecía percatarse del brillo especial que emanaba. Excepto él. Caminando por la playa, se la cruzó. Y desde aquel instante en que sus ojos azules se clavaron en los suyos verdes, sueña cada noche con la orilla del mar y una bailarina de pareo danzante.
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