El tiempo no para...

jueves, 30 de septiembre de 2010

-¡Mira, una estrella fugaz!
-¿Qué dices? ¡Es un avión!
-Qué más da. ¿Por qué no podemos fingir que los aviones, de noche, son estrellas fugaces? Los deseos deberían de poder pedirse cuando se desean de verdad, en ese mismo instante en el que cruzan tu mente.
-Vaya tontería. ¿Qué es, que has pedido un deseo?
-Si.
-¿Y qué era?
-Si lo dices, no se cumple, Jack.
-Oh, vamos, Estrella, mañana te vas y es la última noche de tú verano, de nuestro verano...
El silencio se metió entre ambos. Él la miró y ella se giró para mirarle a los ojos. Por un instante, el mundo se detuvo. Y la besó.
-...
-Ya está, ya se ha cumplido.

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