El tiempo no para...

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Se detuvo vacilante para probarse a sí mismo y ver si

era seguro, para cerciorarse de que aún mantenía bajo control su

necesidad. Entonces sus fríos labios de mármol presionaron muy

suavemente los míos. Para lo que ninguno de los dos estaba

preparado era para mi respuesta. La sangre me hervía bajo la piel

quemándome los labios. Mi respiración se convirtió en un violento

jadeo. Aferré su pelo con los dedos, atrayéndolo hacia mí, con los

labios entreabiertos para respirar su aliento embriagador.

Inmediatamente, sentí que sus labios se convertían en piedra.

Sus manos gentilmente pero con fuerza, apartaron mi cara. Abrí

los ojos y vi su expresión vigilante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario