El tiempo no para...

jueves, 26 de agosto de 2010

Y no estaba dispuesta a seguir en el suelo, así que cerró los ojos una vez más, tomó impulso y se levantó. Se levantó, se puso su mejor máscara y volvió a caminar con la cabeza bien alta. Pasó por delante de su error favorito, le sonrió y desde entonces nadie puede derrumbar su muralla. Nadie. Ni si quiera el.

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